ETHNOS #003
 Tormenta global, deuda ancestral... COP 30

Qué alguien nos cuente qué pasó…?

Nia Ocles Padilla


La COP30 en Belém, Brasil, fue anunciada como un punto de inflexión, la "COP de la Amazonía", un encuentro crucial donde las voces del Sur Global finalmente dictarían el compás de la acción climática global. Sin embargo, a medida que el telón de las negociaciones caía y la Declaración Final de Belém se hacía pública, una realidad ineludible y, para muchos, decepcionante, quedó al descubierto: la histórica marginación de los pueblos afrodescendientes persistió, ensombreciendo cualquier avance retórico.

A pesar de los esfuerzos y la presencia visible de líderes y activistas afro en los espacios paralelos, sus demandas fundamentales y su papel central en la conservación de ecosistemas vitales, brillaron por su ausencia en las mesas de poder y en el texto final del acuerdo.  Esta edición de ETHNOS no busca simplemente reportar los resultados oficiales de la conferencia, que pueden leerse en cualquier titular; busca, en cambio arrojar luz sobre las sombras deliberadas del proceso. Es imperativo que los líderes afrodescendientes que asistieron, aquellos cuyas voces fueron acalladas en los pasillos de la toma de decisiones, nos expliquen que sucedió realmente, qué compromisos (si alguno) se lograron y, lo más importante, cómo avanzaremos en la lucha por la justicia climática y racial desde la periferia a la que, una vez más, se nos ha relegado.

A ellos, y a todos los-as afrodescendientes que sufren las consecuencias del cambio climático pero que no, necesriamente están involucrados en el tema, quién les rinde cuentas? Qué alguien nos explique sin titubeos, que ganamos  o perdimos con esta conferencia.

Con certeza este editorial en la edición #003 de ETHNOS provocará revuelo, críticas, enojos o hasta resentimientos. No podriamos estar tranquilos si callamos y nos quedamos en el lamento de lo que no se logró como es la no inclusión real de los afrodescendientes en los documentos y declaración final de la COP30. Cada uno de nuestros artículos, muestra claramente el análisis y las diversas perspectivas que demuestran nuestro compromiso como afrodescendientes por cuidar el planeta, planteando soluciones y alternativas concretas para su conservación.

Por varias fuentes se sabe que en los documentos finales hay una mención a los “afrodescendientes” sin condumio, mención sin inclusión, una mención sin reconocimiento real y, por tanto, una mención vacía de acciones políticas que involucren a los Estados y su mirada hacia nosotros-as. Entonces, nuevamente excluidos de un proceso fundamental para la vida de los pueblos afrodescendientes. Me pregunto entonces ¿qué herramientas políticas nos quedan para exigir nuestra inclusión, cómo negociamos nuestras agendas con los Estados? Qué discurso político nos queda hoy?

Si, como se plantea, la COP30 no incluyó a los afrodescendientes como dueños y guardianes de sus territorios, y como sujetos de derechos colectivos, la conferencia mundial se evaluaría como insuficiente e inconsistente con los principios de justicia climática.

Inconsistencia con la Justicia Climática: porque  exige que las soluciones al cambio climático aborden las desigualdades históricas y reconozcan a las comunidades más vulnerables como actores centrales. La exclusión de los afrodescendientes iría en contra de este principio fundamental.

Contradicción con la Realidad: Los pueblos afrodescendientes han demostrado ser guardianes eficaces de la biodiversidad y los ecosistemas, con tasas de deforestación en sus territorios inferiores al promedio regional. Ignorar este hecho socava la efectividad de cualquier acuerdo climático. 

Oportunidad Perdida: Celebrada en Brasil, un país con una gran población negra, la COP30 representaba una oportunidad histórica para incluir estos temas en los documentos oficiales, una expectativa que el movimiento afrodescendiente ha visibilizado.

Sin lugar a dudas hay esfuerzos que son importantes para el movimiento afrodescendiente, pero a veces siento que no cabe espacio para la autocritica, precismante porque es a nosotros mismos a quienes nos toca lidiar con todo aquello que signifique exclusión, pero no terminanos de entender que todo aquello que hacemos o dejamos de hacer desde los liderazgos y la militancia, influye en la vida de la gente, sin dejar de lado además, que una buena parte de responsabilidad la tienen también los Estados.

Mi formación como militante del movimiento afrodescendiente, se la debo a dos personajes importantes en el mundo afro, se lo debo a las experiencias mismas de militancia y al haber aprendido mucho de mi paso por la función pública, de todo este proceso aprendí a ser incisiva, a no perder de vista que para crecer hace falta ser autocrítico y a no conformarme fácilmente con lo que se comunica o cuenta. Por tanto, en ese espíritu, quiero plantear algunos aspectos a manera de preguntas:

  • Resultados Tangibles vs. Presencia Protocolaria: ¿Cuál es el resultado tangible y medible de su participación en estas cumbres climáticas que impacta directamente la vida de las comunidades afrodescendientes en el terreno, más allá de la 'presencia' simbólica en la mesa de negociaciones?
  • Justicia Climática y Racial en los Documentos: ¿Por qué, a pesar de su asistencia, los documentos finales y acuerdos climáticos siguen sin abordar de manera explícita y vinculante la intersección entre la justicia climática y la justicia racial, qué es fundamental para nuestros pueblos?
  • Mecanismos de Rendición de Cuentas: ¿Qué mecanismos de rendición de cuentas (social, política, económica) han establecido ustedes ante las bases y comunidades afro, para justificar los recursos invertidos en su viaje y participación, dado el magro resultado en términos de inclusión real?
  • Apropiación de la Agenda Comunitaria: ¿En qué medida las demandas y conocimientos ancestrales de las comunidades locales afrodescendientes (sobre tenencia de la tierra, uso de la biodiversidad, etc.) fueron efectivamente integrados en su discurso y defendidos, y no solo usados como retórica para legitimar su presencia?
  • Financiación Climática Directa: ¿Qué gestiones específicas se realizaron para asegurar que la financiación climática (fondos de adaptación y mitigación) llegue de manera directa y flexible a las comunidades afrodescendientes, y no se quede en manos de intermediarios gubernamentales o no gubernamentales, como suele ocurrir?
  • Autocrítica de la Estrategia de Participación: ¿Existe una autocrítica sobre la efectividad de la estrategia de 'estar dentro del sistema' si, repetidamente, esto no se traduce en cambios sustanciales en la gobernanza global o en las políticas nacionales? ¿Hasta cuándo esta estrategia seguirá siendo válida?
  • Empoderamiento de las Bases: ¿Cómo piensan empoderar a las comunidades de base para que exijan el cumplimiento de las (pocas) promesas existentes y se defiendan del "racismo ambiental" que contamina sistemáticamente sus fuentes de agua y territorios, si los líderes que asisten a estas cumbres no logran resultados concretos?
  • Respuesta ante la Impunidad: ¿Qué respuesta darán a las comunidades que sufren los impactos más severos del cambio climático, a pesar de que sus representantes viajan a foros globales, pero regresan con las mismas promesas vacías y la misma marginación histórica? ¿Qué estrategias se trazarán para exigir a los Estados la necesidad de garantizar la vida en los territorios afrodescendientes?

En todo caso queridos-as lectores y lectoras, dejo planteadas estas interrogantes para que sirvan como pretexto para la reflexión y debate de las acciones de los líderes del movimiento afrodescendiente a quienes respetamos, pero tenemos el compromiso con la militancia a quien debemos también nuestra existencia.







La crisis climática como herencia colonial y la ecosofía política afroindígena del Sur Global

Samuel Alejandro Urbina Blanco*



Introducción

Este artículo analiza la crisis climática global como la manifestación última de un proyecto civilizatorio colonial sustentado en un "divorcio ontológico" occidental que subyugó a la naturaleza y cosificó los cuerpos racializados. A través de un marco teórico que contrapone la filosofía del devenir de Heráclito (el río) con la del ser estático de Parménides (la esfera), se traza la genealogía de esta lógica, desde la filosofía cartesiana hasta su expresión contemporánea en el mercado biodigital global (Post, 2023). Frente a la perpetuación de esta colonialidad bajo un "colonialismo verde", el artículo propone alternativas basadas en la justicia cognitiva y las epistemologías relacionales del Sur Global, articuladas en lo que se denomina una ecosofía política afroindígena. Esta ecosofía emerge como un paradigma fluido y relacional que encarna la resistencia del río heracliteano frente a la esfera parmenídea globalizada.

La crisis climática contemporánea exige un análisis que trascienda la mera descripción de fenómenos meteorológicos extremos. Para comprender su verdadera naturaleza, es necesario observar los cuerpos que carga: aquellos que arrastran las inundaciones y se consumen en los incendios poseen un color que la historia moderno-colonial pintó como sacrificable (Quijano, 2000). Esta distribución no geográfica, sino política, del sufrimiento, puede entenderse como la hauntología (Derrida, 1994) de un proyecto civilizatorio erigido sobre un divorcio metafísico fundamental. Este artículo sostiene que la crisis climática es la culminación material de una escisión filosófica que privilegió una concepción estática y extractiva del mundo (la Esfera de Parménides) sobre una concepción fluida y relacional (el Río de Heráclito). Esta lógica, operativa desde la colonización, encuentra hoy su expresión más depurada en el capitalismo biodigital (Post, 2023) y es perpetuada por las estructuras de la llamada "economía verde". Frente a esto, las prácticas y epistemologías de las comunidades afrodescendientes e indígenas emergen no como meras "tácticas de adaptación", sino como formas de resistencia ontológica que encarnan el fluir heracliteano, fundamento de una ecosofía política del Sur Global (Urbina Blanco, 2023).

La congelación del mundo: el cisma filosófico y el inicio del ego-Sistema

El fundamento de la metacrisis (McGilchrist, 2025) puede rastrearse hasta la antigua Grecia. Heráclito de Éfeso concibió la physis no como un sustantivo, sino como un verbo: un "fuego eterno" y un río de devenir perpetuo (Kahn, 1979). En contraste, Parménides de Elea postuló un Ser único, inmóvil, perfecto y esférico, una ontología de la inmutabilidad. Occidente, en su búsqueda de certeza y dominio, optó por el camino de Parménides.

Los arquitectos de la modernidad, Bacon, Descartes y Newton, sistematizaron esta elección. La res extensa cartesiana redujo el mundo a un mecanismo de relojería, un recurso inerte disponible para la explotación del cogito, ergo, un sujeto implícitamente blanco y europeo (Quijano, 2000). Este fue el golpe de gracia filosófico: un extractivismo no solo de recursos, sino del alma misma del mundo. Esta misma lógica que objetivó la naturaleza justificó la reducción de los pueblos afrodescendientes e indígenas a fuerza laboral explotable, situándolos más cerca de la res extensa que de la res cogitans.

Este paradigma puede entenderse como un ego-sistema (Urbina Blanco, 2023), una topología social donde la realidad se constituye a partir de intra-acciones (Barad, 2007) que fetichizan al individuo (ego) como entidad separada y soberana. Este "ego" no es una propiedad inherente, sino un dinamismo de fuerzas que surge de relaciones hauntológicas de inherencia con el proyecto civilizatorio de la cristiandad, secularizado en la modernidad (Romero Losacco, 2020).

Tecno-colonialidad: la pesadilla biodigital como "esfera Parmenídea"

En el siglo XXI, esta lógica alcanza su expresión más abstracta y violenta en el "mercado biodigital global", un claro ejemplo de los extractivismos como modos de extracción que sostienen modos de vida imperiales (Post, 2023). La narrativa hegemónica de la innovación tecnológica se sustenta materialmente en la extracción de tierras raras (coltán, cobalto, litio), los nuevos "diamantes de sangre" que yacen en territorios como la Cuenca del Congo y la Amazonía (Mbembe, 2016).

En una ironía brutal, los guardianes del río heracliteano son forzados a convertirse en la mano de obra desechable que alimenta la esfera parmenídea digital. Sus hijos, símbolos del devenir, son condenados a la eternidad estática de la explotación infantil. Posteriormente, cuando la devastación de sus biomas los desplaza, se convierten en migrantes climáticos, un "río humano de la desesperación" que rompe los diques de la fortaleza global. Esto plantea una pregunta crucial: ¿se ha convertido el cambio climático en la trampa perfecta para una colonización legal, donde el sistema genera el problema y luego vende, con intereses, la solución?

Del colonialismo verde y la resistencia del río

La proliferación de marcos de gobernanza climática --las Conferencias de las Partes (COP), los fondos verdes, los mercados de carbono-- corre el riesgo de constituir un "colonialismo verde". Se enmarcan como mecanismos de "mitigación" y "adaptación", pero operan dentro de las mismas lógicas de mercado que originaron la crisis. La "economía verde" frecuentemente funciona como un maquillaje para la acumulación continua, donde la "restitución" económica degenera en un lavado de conciencia del Norte Global (Urbina Blanco, 2021). Es el fantasma de la Encomienda disfrazado de proyecto REDD+; es la estructura de poder inmutable de Parménides, ahora vestida con el lenguaje de la sostenibilidad.

Frente a esta maquinaria, las comunidades afrodescendientes e indígenas encarnan la resistencia del río heracliteano. Herederas de epistemologías que sobrevivieron al Middle Passage y al genocidio colonial, nunca olvidaron que la naturaleza es verbo. Sus prácticas --desde la agricultura itinerante hasta las redes de cuidado mutuo como el candombe o la mano vuelta-- no son simples estrategias de supervivencia. Son la materialización de una ontología relacional.

Contra el "ego-sistema" cartesiano ("pienso, luego existo"), proponen un "nos-otros" relacional: "Cuidamos, luego somos" (Lugones, 2003). La filosofía del Ubuntu sudafricana "soy porque somos" y el Sumak Kawsay andino son máximas de esta corriente. Su resistencia es un cimarrónaje moderno: la creación de territorios libres en el pensamiento y la práctica, donde el conocimiento ancestral se defiende de la biopiratería y la tierra se concibe como un pariente, no como una propiedad (Escobar, 2016). Esta es la esencia de una ecosofía política afroindígena: una amalgama de saberes que reconstruye el sentido de nuestras intra-acciones desde la afroindianidad, trascendiendo el reduccionismo cartesiano a través de un enfoque holonóptico y difractivo (Urbina Blanco, 2023).

Hacia un paradigma fluido: justicia climática como meta-Justicia

La justicia climática exige, ante todo, justicia cognitiva (Santos, 2014). No se trata de "incluir" saberes locales como anécdotas, sino de ceder poder de decisión. Las alternativas no son puntos de agenda, sino cambios de corriente en el paradigma dominante:

  1. Reparación ético-onto-epistemo-lógica: reconocer y proteger los saberes ancestrales como sistemas vivos, no como objetos de propiedad intelectual. La titulación colectiva de tierras es la barrera más efectiva contra el extractivismo.
  2. Financiamiento directo y autónomo: los recursos climáticos deben fluir directamente a las comunidades, sin los filtros burocráticos de los estados e intermediarios que replican lógicas coloniales.
  3. Desmantelamiento de la máquina inhumana: una moratoria global a la minería de tierras raras en territorios afroindígenas hasta que se erradique la violencia y la esclavitud moderna de sus cadenas de suministro.
  4. Políticas del buen vivir: transcender el "desarrollo sostenible" hacia políticas inspiradas en el buen vivir (sumak kawsay) y el ubuntu, que restauren el diálogo con la naturaleza y entiendan la salud del ecosistema como la salud del cuerpo colectivo.
    Conclusión
    El mapa de la crisis climática no conduce a una respuesta técnica única, sino a una pregunta ontológica fundamental. Frente a la capacidad del axolotl, un anfibio heracliteano, de regenerar sus miembros, la civilización parmenídea solo sabe amputar. La solución no reside en domar la naturaleza con diques más altos, sino en recordar que nosotros somos ese río, ese fuego, ese devenir constante (Urbina Blanco, 2023). Negar este flujo es firmar nuestra propia sentencia. La campana del último round suena. No es tiempo de negociar en los márgenes del sistema, sino de entrar al ring con la fluidez del agua, de convertirnos, de una vez por todas, en el río incontenible de la justicia. La construcción de una ecosofía política del Sur Global, arraigada en el sentipensar afroindígena, no es una opción, sino el único camino para posponer el fin del mundo y habitar, por fin, un pluriverso de mundos-de-mundos.

Referencias

Barad, K. (2007). Meeting the Universe Halfway: Quantum Physics and the Entanglement of Matter and Meaning

Duke University Press. Derrida, J. (1994). Espectros de Marx. Editorial Trotta. 

Escobar, A. (2016). Autonomía y diseño: La realización de lo comunal. Editorial Universidad del Cauca.

Kahn, C. H. (1979). The Art and Thought of He/raclitus. Cambridge University Press.

Lugones, M. (2003). Peregrinajes: teorizar la coalición contra múltiples opresiones. En M. Lugones, Pilgrimages/Peregrinajes: Theorizing Coalition Against Multiple Oppressions (pp. 1-18). Rowman & Littlefield.

Mbembe, A. (2016). Crítica de la razón negra. Editorial Ned.

McGilchrist, I. (2025, 23 junio). A Revolution in Thought? How Hemisphere Theory Helps us Understand the Metacrisis. CJLPA. https://www.cjlpa.org/post/a-revolution-in-thought-how-hemisphere-theory-helps-us-understand-the-metacrisis

Post, E. (2023). Expanding Extractivisms: Extractivisms as Modes of Extraction Sustaining Imperial Modes of Living. En Post-Extractivism: Debates and Practices. https://journals.openedition.org/poldev/5376

Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En E. Lander (Comp.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas (pp. 201-246). CLACSO.

Romero Losacco, J. (2020). El sistema-mundo más allá de 1492: modernidad, cristiandad y colonialidad: aproximación al giro historiográfico decolonial. Tabula Rasa, (36), 355-376. https://doi.org/10.25058/20112742.n36.14

Santos, B. de S. (2014). Epistemologies of the South: Justice against Epistemicide. Paradigm Publishers.

Urbina Blanco, S. A. (2023). Más allá del ego-sistema. Hacia una ecosofía política afroindígena.

Urbina Blanco, S. A. (2021). Climate Justice, Systemic Racism and Hyperculturality in the Digital Age: On Reparations for Eco-Culturcide, Climate Change and Environment in a National and Post-Pandemic Context. SSRN Electronic Journal. https://dx.doi.org/10.2139/ssrn.3806102







*Co-fundador y secretario ejecutivo, Red Venezolana en Acciones Climáticas. Doctorando en Ciencias del Desarrollo Estratégico, Universidad Bolivariana de Venezuela. Licenciado en Relaciones Internacionales, Universidad Bolivariana de Venezuela. Investigador Asociado, Laboratorio de Historia Global y Ciberespacio, Universidad de Buenos Aires. Miembro Afiliado, Universidad de las Naciones Unidas Tokio

Nel Pimentel

Activista Afroecuatoriano


Sin lugar a equivocarnos, no existen mayores discrepancias entre científicos, empresarios, representantes de organismos multinacionales, académicos, representantes de gobierno, organizaciones no gubernamentales y hasta de la representación de organizaciones comunitarias, quienes declaran entender las condiciones ambientales extremas y su interacción con el ser humano, como “cambio Climático”. Todos estos actores entienden que el cambio climático es la variación fundamentalmente de temperatura por la acumulación de gases de efecto invernadero que al no permitir el retorno del calentamiento solar más allá de la atmósfera provoca el incremento de la temperatura que al darse de manera sostenida en el tiempo, provoca crisis climática que es lo que se ha dado por generalizar como CAMBIO CLIMATICO.

La tierra de manera natural ha pasado a través de su historia planetaria por cambios drásticos del clima originados en acciones naturales, pero, en los últimos 150 años se han disparado los incrementos de temperatura por las acumulación en la atmósfera de los gases de efecto invernadero, de los cuales, la acción antropogénica es responsable volumétricamente con el 3 % por las emisiones de gas carbónico (CO2) originado en la quema de combustibles fósiles, gas y carbón concentrado en las 100 industrias más grandes del mundo y el transporte, mientras que, con el 97 % contribuyen el vapor de agua que se producen con el calentamiento de los cuerpos de agua por el sol, los óxidos nitrosos y hasta el gas metano producido por los gases del ganado.

Ante la potencial crisis del clima y sus impactos, su mitigación y adaptación son los temas que se discuten en los diferentes foros mundiales concentrándose fundamentalmente en la aplicación de tecnologías amigables con el ambiente que contribuyan a reducir las emisiones de CO2 provocado por el hombre, y, en la captura de carbono que pueden hacer los bosques del mundo y la retención del mismo en hojas, ramas, tronco y raíces, utilizándolo en el proceso fotosintético esto es en el mantenimiento mismo de la vida.

Es en este contexto donde juegan un importante papel los Pueblos Indígenas y Afrodescendientes del mundo y de manera particular en el Ecuador. En nuestro país y de manera particular en el Norte de Esmeraldas los Afrodescendientes somos tenedores legales de un poco más de 140.000 hectáreas y más de 20.000 hectáreas de bosques de manglar que hoy requieren ser mantenidas las superficies que se conservan la calidad de originarios y restauradas importantes superficies de bosques tropicales que fueron desbastados por la industria maderera, minera, camaronera y productora de palma aceitera.

Los Pueblos Afrodescendientes, hemos sido invisibilizados en los diferentes foros mundiales donde nos confundían en la terminología de “comunidades locales” desconociendo nuestra particularidad étnica. Hoy estamos exigiendo y seguiremos insistiendo en nuestro reconocimiento como Pueblos Afrodescendientes asentados fundamentalmente en América y el Caribe.

El mundo industrial está obligado a mirarnos como lo que somos, tenedores de tierras y bosques tropicales a los que debe financiar en esta carrera por mitigar el cambio climático. Los afrodescendientes en calidad de potenciales víctimas del cambio climático estamos obligados primero, a ser invitados a los eventos y foros del mundo donde estos temas están siendo discutidos para estar informados de primera mano, y, en segundo lugar, a ser reconocidos como parte de la distribución de beneficios que por este concepto se estén entregando a través de los diferentes Fondos Globales creados, debiendo aprovechar estos Pueblos, para exigir ya nunca más el status de BENEFICIARIOS sino de EJECUTORES y en el peor de los casos de SOCIOS IMPLEMENTADORES.

Desgraciadamente hasta ahora el Ecuador no ha sido elegible para la aplicación de políticas, programas y proyectos de recepción de beneficios por venta del carbono que estamos capturando. En el mejor de los casos y sin que los Pueblos Afrodescendientes hasta ahora hayan recibido beneficio alguno, el gobierno central ha recibido recursos para la aplicación de las políticas REED+.

Los Afrodescendientes ecuatorianos aspiramos a que las élites mundiales y su representación en Ecuador entiendan que, el mundo está cambiando, que ya no aguanta tanta mezquindad de unos pocos y que la vida en un ambiente de dignidad es un derecho de todos, razones más que suficientes para exigir la implementación de proyectos que dignifiquen a nuestra población en el contexto del CAMBIO CLIMATICO.



Patricia Ballivian


Introducción

Este ensayo explora la intrínseca conexión entre la crisis climática global y las luchas de defensa del territorio, argumentando que ambas constituyen facetas de un mismo conflicto civilizatorio colonial que reduce la naturaleza a recursos y mercancía. La defensa del territorio emerge como un acto de resistencia ontológica que busca restaurar el diálogo reciprocó con la Tierra. A través de un análisis que entrecruza crítica decolonial, filosofía ambiental y epistemologías del Sur, se demuestra cómo los fracasos de la gobernanza climática global están estructuralmente vinculados a la perpetuación del modelo extractivista. La defensa del territorio se revela así no solo como protección física del espacio, sino como camino de reencuentro con la comunidad (unidad común) y con las bases sagradas de la existencia.

Si el cambio climático es el síntoma de un planeta en crisis febril, la defensa del territorio es el anticuerpo de los pueblos originarios y las comunidades despliegan para sanarlo. No son guerras distintas, sino los frentes de una única y decisiva lucha: la que define si habitaremos un mundo-mercancía o un mundo-vida. Esta es la batalla por la existencia y su campo de juego es la conciencia humana.


1. La reducción de la vida y el lenguaje silenciado

Nos hemos convertido en reductores de la vida, observándola desde la comodidad simplista y desconectada de las relaciones. Este no es un error incidental, sino el resultado de una epistemología colonial que, durante siglos, ha insistido en fragmentar el mundo para dominarlo.

Es más fácil repetir conceptos vacíos que interpretar las variables de un cosmos vivo; así, confundimos el tablero de juego mismo. Los ciclos sagrados de la naturaleza fueron reducidos a "recursos naturales", una categoría económica que justifica su administración y explotación, nunca su respeto. Este giro lingüístico es un giro ontológico: el agua dejó de ser un Ser (Yaku), una persona no-humana con la que se dialoga, para convertirse en H₂O, una fórmula química y un "recurso hídrico". El bosque, un ecosistema complejo lleno de inteligencia y parentesco fue reducido a "biomasa aprovechable" y el ciclo eterno de la vida, a "producción primaria".

Administramos lo que no entendemos porque nos volvimos sordos al lenguaje de la Tierra, un idioma que se habla en ritmos de lluvia y sequía, en reciprocidades de polinización y germinación, y en símbolos de montañas y ríos sagrados; nunca en las frías cifras de un balance financiero.

El lenguaje de la Tierra no se aprende en manuales sino en la presencia consciente. Es un conocimiento que se teje en el silencio de la escucha y se pronuncia con los actos de cuidado. Su sintaxis se rige por instrucciones simples que, sin embargo, contienen una lógica profunda que desafía toda la economía moderna:

  • Sembrar no es producir, es criar: La semilla no es un insumo industrial, es un ser vivo que contiene el misterio de la vida, un legado genético y cultural que conecta a las generaciones. Criar implica paciencia, amor y una responsabilidad que trasciende el rendimiento inmediato.
  • Cosechar no es extraer, es reciprocar: No se puede tomar de la tierra sin devolverle, sin honrar el intercambio. Es un acto de gratitud, no de acumulación. La deuda no es con el mercado, sino con el suelo que nos alimenta.
  • Caminar no es transitar, es escuchar: El territorio no es un espacio vacío a ser dominado y medido, sino una memoria viva, un archivo de historias, luchas y sabiduría que se descifra con los pies, con el corazón y con la comunidad.

2. Crisis Climática y Defensa del Territorio

La crisis climática no es un simple error de cálculo en nuestro modelo de desarrollo, es la consecuencia lógica e inevitable de haber jugado en el tablero equivocado durante más de 500 años. Un tablero diseñado por la colonialidad donde el territorio es un espacio de conquista, los ciclos naturales son meras externalidades y el progreso se mide exclusivamente por el volumen de lo que se extrae, nunca por la calidad de lo que se cuida. El problema de fondo no es técnico; no se resolverá solo reduciendo emisiones, ajustando modelos u optimizando tecnologías porque opera dentro del mismo paradigma que lo causó.

La Conferencia de Estocolmo en 1972, arquitectura global para enfrentar la crisis ecológica, ha sido un fracaso monumental. Las emisiones globales no han hecho más que aumentar en paralelo los protocolos y acuerdos de países firmantes, pero no cumplidos. La razón estructural es la profunda desigualdad en la responsabilidad y el poder: el 1% más rico de la población mundial emite el doble de gases de efecto invernadero que el 50% más pobre (Oxfam).

Este dato no es una anomalía, sino el síntoma de un sistema diseñado para fallar; un sistema donde los acuerdos son voluntarios, las reglas las escriben las corporaciones transnacionales bajo el eufemismo de la "economía verde", y donde los países ricos subsidian masivamente los combustibles fósiles mientras exportan su contaminación al Sur Global.

Frente a este colapso civilizatorio, la defensa del territorio emerge no como una opción sino como el acto de reconexión urgente. Esta defensa es un concepto que trasciende por completo la mera protección de un espacio geográfico, es una lucha integral por la supervivencia física, cultural y espiritual. Es la resistencia contra la última fase del colonialismo: el extractivismo neoliberal.

En esta lucha, el ser humano es el territorio hecho conciencia, es el cuerpo colectivo de la memoria, el espacio donde la vida se arraiga y se expresa en sus múltiples dimensiones. No es un recurso, ni una propiedad, ni un escenario vacío: es la trama de relaciones que sostiene la existencia y garantiza nuestra subsistencia. En él, la biodiversidad se entrelaza con los ciclos de la alimentación, el suelo que pisamos y el cielo que nos cubre, pero también es el lenguaje silencioso de los ríos, la resistencia de los bosques y la sabiduría de quienes aprendieron a escucharlo. Defenderlo es asegurar el alimento, la biodiversidad y el futuro: es defender el derecho sagrado a existir en equilibrio.




















Anabel Arroyo Rodríguez

La Asociación de Mujeres Afroecuatorianas Timbiré en el Futuro (AMATIF) constituye un proceso de empoderamiento social, económico y cultural de la mujer afrodescendiente rural, en un país marcado por profundas problemáticas estructurales como la inseguridad, el desempleo, la discriminación racial y de género, y la pobreza, condiciones que golpean con mayor fuerza a las mujeres que viven en el campo. A través de las prácticas agroecológicas implementadas en sus fincas, las mujeres afroecuatorianas de Timbiré han convertido la agroecología en una herramienta de resistencia y transformación social, fortaleciendo su autonomía productiva y económica, al tiempo que preservan sus saberes ancestrales y la biodiversidad de sus territorios.

En un entorno donde la exclusión histórica ha limitado las oportunidades de desarrollo para las mujeres afrodescendientes, estas iniciativas se consolidan como estrategias de resiliencia y justicia social, al promover la organización colectiva, la autogestión y el acceso equitativo a los recursos. El trabajo de AMATIF demuestra que la participación activa de las mujeres en la gestión sostenible de la tierra no solo mejora las condiciones de vida de sus familias —y constituye un eje cultural y transgeneracional—, sino que también contribuye a romper ciclos de pobreza y desigualdad y genera liderazgo femenino. Las mujeres afroecuatorianas se redescubren como sujetas transformadoras, diseñando fincas productivas con conocimiento ancestral e innovación local. Así, la agroecología se convierte en un anclaje concreto para reivindicar derechos, dignificar el trabajo de la mujer rural afroecuatoriana y avanzar hacia una sociedad más inclusiva. Para las productoras de AMATIF, la agroecología no solo les provee alimentos saludables, sino que también les ha dado un sentido de comunidad, propósito y empoderamiento, permitiéndoles encontrar su voz y su lugar en la sociedad.


Relevancia de la Caracterización de Prácticas Agroecológicas en Timbiré

En el norte de Esmeraldas, las mujeres afrodescendientes enfrentan realidades marcadas por la pobreza, la discriminación racial y de género, el desempleo y la degradación ambiental. Ante este contexto, la Asociación de Mujeres Afroecuatorianas Timbiré en el Futuro (AMATIF) ha convertido la agroecología en una herramienta de resistencia y transformación social. A través de prácticas productivas sostenibles, las mujeres de Timbiré fortalecen su autonomía económica, revitalizan el conocimiento ancestral y promueven la conservación de la biodiversidad en sus territorios. La transición hacia una agricultura sostenible exige políticas públicas orientadas a la investigación, la innovación y la educación agroecológica, donde las fincas no responden a esquemas institucionales rígidos, sino que reflejan decisiones participativas que integran saberes tradicionales, conciencia ambiental y manejo comunitario. En este proceso, el liderazgo femenino resulta fundamental para la protección del territorio, la transmisión de conocimientos y la preservación de la cultura afroecuatoriana, evidenciando su papel central en la regeneración de los sistemas productivos locales y en la construcción de un modelo de desarrollo rural más justo y equitativo.


Análisis del Modelo Agrícola Actual de Timbiré

La experiencia de AMATIF, en la parroquia Timbiré del cantón Eloy Alfaro, demuestra que la agroecología es más que una práctica agrícola: es una estrategia de vida. En un contexto caracterizado por la pobreza, la discriminación racial y de género, la inseguridad y la degradación ambiental provocada por la minería y los monocultivos, las mujeres de AMATIF han fortalecido su autonomía mediante la agroecología, el comercio justo y la diversificación productiva.

Su liderazgo ha permitido establecer fincas sostenibles, conservar la biodiversidad y generar valor agregado a través de la transformación del cacao fino de aroma, cultivo, que se ha posesionado como emblema cultural y económico del territorio.

El proceso organizativo de AMATIF demuestra cómo las mujeres afrodescendientes son agentes de cambio en la defensa de los territorios ancestrales, la soberanía alimentaria y la equidad económica, articulando conocimientos tradicionales con innovación local. La consolidación de su cadena de valor, desde la producción hasta la comercialización de chocolate y productos derivados, representa un modelo inspirador de resiliencia, autogestión y justicia social, donde la agroecología se convierte en un instrumento de emancipación y dignificación del trabajo de la mujer rural afroecuatoriana.


Fincas modelo: cooperación comunitaria y sistemas diversificados para alcanzar la soberanía alimentaria

La investigación realizada en las fincas de la Asociación de Mujeres Afroecuatorianas Timbiré en el Futuro (AMATIF) demuestra que las mujeres de este territorio son pilares en la regeneración de sus unidades de producción agrícola y cómo la agroecología se convierte en una herramienta de empoderamiento, resistencia y transformación social para las mujeres afrodescendientes rurales de Esmeraldas. A partir del reconocimiento y fortalecimiento de sus conocimientos ancestrales, las productoras mantienen prácticas agrícolas sostenibles que integran la diversidad de cultivos, el uso de variedades locales y la conservación de semillas nativas, reafirmando su identidad cultural y su vínculo con la tierra.

El proceso organizativo de AMATIF refleja un modelo de liderazgo femenino basado en la cooperación, la autogestión y la defensa del territorio frente a las amenazas extractivistas, las desigualdades estructurales y la inseguridad rural. La articulación con organizaciones aliadas ha permitido fortalecer sus capacidades técnicas y comerciales, especialmente en la cadena de valor del cacao fino de aroma, impulsando una economía local que genera autonomía económica y cohesión comunitaria. Sin embargo, persisten desafíos vinculados con la trazabilidad, la planificación agroforestal, la dependencia de apoyo externo y la limitada capacidad financiera, que condicionan su sostenibilidad y crecimiento.

Desde una perspectiva de género, el estudio pone de manifiesto que las productoras de AMATIF son actoras clave en la regeneración de los ecosistemas, la preservación del conocimiento ancestral y la promoción de la soberanía alimentaria, enfrentando con resiliencia contextos de pobreza, discriminación y exclusión. Su liderazgo colectivo demuestra que la inclusión de las mujeres afrodescendientes en los procesos productivos y de toma de decisiones no solo transforma las condiciones materiales de vida, sino también las relaciones sociales y de poder dentro del territorio.

En consecuencia, se recomienda fortalecer los procesos de capacitación en Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), gestión organizacional y trazabilidad productiva, junto con políticas públicas que reconozcan el valor estratégico de las mujeres rurales afrodescendientes como guardianas del territorio, promotoras de justicia ambiental y constructoras de economías solidarias. Consolidar la autonomía de AMATIF implica transitar hacia un modelo de autosuficiencia productiva con una sostenibilidad ambiental, con equidad social y de género, contribuyendo así a la dignificación y visibilización de la mujer afroecuatoriana rural en los espacios de desarrollo local.





Helary Estupiñan 


La última década nos ha demostrado que la humanidad debe enfrentar un reto sin precedentes, de cara a la [1]triple crisis planetaria del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación ambiental, tres desafíos fuertemente agravados, producto de las desigualdades sistémicas crecientes. La crisis climática no es solo ambiental, sino también una problemática profunda de justicia climática y racial que implica reconocer que los daños ambientales no se reparan de manera homogénea. Su impacto recae de manera desproporcionada sobre los pueblos y territorios históricos, como los afrosdescendientes. Esta desigualdad no es accidental, es el resultado de relaciones de poder construidas durante siglos coloniales que siguen operando en la contemporaneidad en forma de racismo ambiental.

Gran parte de las comunidades costeras afroecuatorianas dependen directamente del manglar para su subsistencia, su economía azul y su continuidad cultural. Una realidad paradójica y profundamente injusta se evidencia en que las poblaciones afrodescendientes han contribuido mínimamente al calentamiento global. Sin embargo, son uno de los grupos vulnerables que enfrentan las peores consecuencias climáticas y medioambientales.

La crisis medioambiental también es una crisis de justicia climática y racial. Proteger los ecosistemas de carbón azul implica redistribuir poder, recursos y derechos a los territorios marginados. Lo que se traduce en garantías para la participación vinculante de las comunidades costeras afroecuatorianas en la gobernanza de sus territorios. Así como en el involucramiento en la gobernanza marina, el reconocimiento de sus saberes locales y la reparación de una deuda histórica largamente postergada que ha dejado a estas comunidades expuestas a riesgos que no provocaron.

Tanto la justicia ambiental como la justicia climática están estrechamente vinculadas al desarrollo sostenible de los pueblos. Cuyo objetivo es garantizar el [1]derecho al progreso económico, social, cultural y politico, asi como al disfrute integral de todos los demás derechos humanos mediante la libre determinación y la igualdad de soberanía.

Por generaciones, los pueblos afroecuatorianos han buscado diversas alternativas de desarrollo sostenible para dignificar sus medios de vida y preservar el futuro de las nuevas generaciones. Sin embargo, en Ecuador la influencia dominante heredada del colonialismo y su estructura de poder instaurada han dificultado una inclusión social y económica real para los pueblos y nacionalidades. Obligando a las comunidades racializadas a vivir en condiciones marginadas, con los índices más altos de pobreza por necesidades básicas insatisfechas. Los censos de población y de vivienda de 2010 y 2022 muestran que en [1]Esmeraldas la pobreza por Necesidades Básicas Insatisfecha (NBI) fue del 63% y del  77,4%, respectivamente. No obstante, en las cabeceras cantonales las cifras se incrementan hasta en un 98,3%. En Ecuador, los afrodescendientes tienen una de las tasas más bajas de acceso a la educación superior frente a otras etnias, como las de mestizos y blancos, producto de las desigualdades históricas que persisten en la contemporaneidad y que dificultan el progreso hacia el desarrollo sostenible.

¿Qué podemos hacer para impulsar los sistemas locales de desarrollo sostenible? Principalmente, el estado debe comprometerse con el pueblo afroecuatoriano en la elaboración de medidas apropiadas para revertir las consecuencias derivadas del colonialismo. Impulsando programas de educación superior, educación ambiental e inversiones en [1]I+D. El estado ecuatoriano debe establecer políticas que orienten a los grupos racializados hacia el estudio de carreras [2]STEM. Es decir, educación para el desarrollo, con una visión de autonomía, que facilite a los profesionales las herramientas necesarias para impulsar proyectos y programas de I+D en sus territorios. A través de estas medidas no solo se logra justicia racial y política, sino también socioeconómica y ambiental.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Agenda 2030 subrayan la necesidad de proteger los ecosistemas costeros, incluidos los manglares, como componentes esenciales para la sostenibilidad de la vida. Pero ¿Qué son los manglares? Son áreas bióticas formadas por árboles, arbustos y plantas tolerantes a la salinidad y las condiciones del suelo. ¿Por qué es imperativo proteger este ecosistema? Porque es el pulmón azul del mundo; su función es de vital importancia para mitigar los efectos del cambio climático. Los manglares capturan COde la atmósfera de manera más eficiente que cualquier otro ecosistema del mundo. [1] Ocupan 15,2 millones de hectáreas y se encuentran en 123 naciones y territorios del planeta Tierra. Entre los años 1980 y 2005 se perdió más del 19% de los mangles nativos, a pesar de su importancia ecológica. Dichos efectos han puesto en peligro la vida de las distintas agrupaciones poblacionales que coexisten en una misma área-tiempo del bioma.

En Ecuador, los bosques de mangle abarcan aproximadamente 157.094,28 hectáreas, y la mayor población de manglares se localiza en dos extensiones: a) manglares del Pacífico ecuatorial y b) manglares del Chocó. En la provincia de Esmeraldas coexisten los mangles más altos del mundo y algunos de los mejores conservados de Sudamérica.

Al norte de la misma provincia, en la Reserva Ecológica Manglares Cayapas-Mataje, estos humedales estuarios son ecosistemas mareales donde el agua dulce de los ríos se une al mar, formando una transición de agua dulce a salobre, y albergan comunidades únicas de árboles, plantas, animales y otros organismos. Los manglares no solo son un sistema natural, sino también un núcleo vital en la vida económica y cultural de las comunidades que habitan al interior de la reserva, así como de miles de personas que dependen de ellos. La pesca artesanal, la recolección de moluscos y crustáceos sostienen en gran parte la economía local y los modos de vida tradicionales de estas comunidades.

Puesto que los efectos del calentamiento global están poniendo en riesgo los ecosistemas marinos. Las comunidades afroecuatorianas protegen la soberanía de sus teritorios, desde la defensa de los manglares hasta la gestión comunitaria de los recursos marinos, una de sus principales fuentes de subsistencia. Para las comunidades costeras afrodescendientes de Ecuador, los manglares no son solo un recurso, sino también un ser vivo y un territorio ancestral con historia y memoria. Su degradación también implica la pérdida de medios de vida, saberes y tradiciones. Reconocer y proteger estos medios naturales no solo es justicia climática y ambiental, sino también epistémica, racial y cultural.

La preocupación por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es un tema central de la geopolítica global, que ha impulsado la transición energética mediante una serie de acuerdos multilaterales y objetivos específicos. Para las poblaciones vulnerables situadas al interior de este frágil biomas, la adopción de tecnologías verdes ayuda a recuperarse con mayor facilidad de crisis naturales y desastres medioambientales. Ignorar esta dimensión empobrece la comprensión ambiental e impide la implementación de soluciones reales. Sin justicia climática y ambiental para los pueblos históricos, la conservación puede convertirse en una nueva forma de colonialismo ambiental.





[1] Véase https://docs.un.org/es/A/79/270 políticopolítico

[2] Véase https://www.ohchr.org/sites/default/files/rtd.pd

[3] https://www.ecuadorencifras.gob.eocupan 

[4] I+D Investigación y Desarrollo 

[5] STEM Science, Technologies, Engineering and Mathematics 

[6] Bancomundial.org/es/newbiomabiomas 






Orlando Cartagena Lagar

Representante del pueblo Annobón en el exilio


En pleno golfo de África, al sur de Santo Toé y Príncipe la isla de Annobón —un enclave biológico, cultural y lingüístico único en el mundo— continúa siendo uno de los territorios más olvidados y devastados del Atlántico. Su historia es la de una riqueza natural extraordinaria sometida, durante siglos, a la explotación colonial, la negligencia administrativa y el impacto ambiental irreversible. Hoy, su pueblo y su ecosistema claman por una acción urgente: que Annobón sea reconocida como Patrimonio de la Humanidad y cuente con un régimen de protección internacional semejante al que disfrutan otros territorios insulares del área atlántica, como Santo Tomé y Príncipe.

Un ecosistema herido por siglos de extracción y abandono

La primera gran herida ambiental de Annobón llegó con la tala masiva de sus bosques originales. Varias potencias coloniales explotaron la isla para la obtención de madera, exterminando especies arbóreas autóctonas irrecuperables. Posteriormente, se implantaron monocultivos de algodón, café, cacao, caña de azúcar y palma aceitera que degradaron el suelo, destruyeron los cultivos tradicionales y empobrecieron a la población local. El resultado: pérdida de biodiversidad, agotamiento de tierras fértiles y un ciclo de hambre y miseria impuesto desde fuera.

A ello se sumó la ausencia total de gestión ambiental. Durante décadas, la extracción descontrolada de recursos, el vertido indiscriminado de residuos y la contaminación de ríos y acuíferos se convirtieron en práctica habitual. Hoy, el pueblo annobonés sigue sobreviviendo sin infraestructura de saneamiento básica, dependiendo de aguas contaminadas y tierras improductivas.

En 2014 la ONU hizo un llamamiento urgente a gobiernos, líderes religiosos, al sector educativo y a formadores de opinión para apoyar la eliminación de la defecación al aire libre. En Annobón la falta de infraestructuras condena aún a esta práctica.


Tóxicos, explosiones y devastación: la isla convertida en vertedero

El capítulo más trágico llegó en 1988, cuando la isla fue utilizada como destino para 7.200 toneladas de residuos tóxicos y radiactivos procedentes de empresas estadounidenses y británicas. A cambio de una suma mínima de dinero, la vida humana, la fauna terrestre y marina, y la estructura geológica de Annobón fueron sacrificadas. Cetáceos, tiburones y peces aparecieron muertos en la costa; enfermedades silenciosas se extendieron entre la población; la temperatura ambiental y marina se alteró irreversiblemente y muchos animales murieron.

El resultado: 

  • Muertes silenciosas entre la población local y especies marinas y terrestres.
  • Contaminación de acuíferos, playas y peces y animales de consumo.
  • Alteración térmica del ecosistema y desaparición de bancos de pesca.

Más tarde, nuevas agresiones ambientales siguieron el mismo patrón: uso de dinamita para construir infraestructuras sin estudios de impacto, extracción minera que fragmentó el terreno, expulsión de familias de sus tierras agrícolas, y la criminalización de toda protesta social. Annobón pagó el precio completo de un modelo extractivo destinado a beneficiar a intereses ajenos.

Organizaciones ambientales definen el caso como “un ecocidio sistemático en un territorio sin capacidad de defensa.”


Una cultura al borde de la extinción

Además de su riqueza ecológica, Annobón alberga una comunidad de origen lusoafricano con lengua única, música, espiritualidad y tradiciones irrepetibles. Sin embargo, la combinación de aislamiento forzado, pobreza estructural y migración forzada y el genocidio lento ha empujado a esta cultura al borde de su desaparición. El abandono institucional ha convertido parte de la isla en vertedero, sin acceso a servicios básicos, con pérdida progresiva de su identidad cultural, de su lengua y de su soberanía comunitaria.


Pesca industrial y redes ilegales: hambre en una isla rodeada de mar

La pesca artesanal, base histórica de la alimentación annobonesa, está colapsando. Buques extranjeros operan sin supervisión estatal y se emplean redes de trasmallo ilegales que destruyen juveniles, arrecifes y especies protegidas desde hace décadas. La paradoja es brutal: una isla rodeada de océano comienza a depender de alitas de pollo y arroz importados porque el mar y la tierra ya no alimentan a su gente.


Por qué Annobón debe ser reconocido como Patrimonio de la Humanidad

  • Es un reservorio ecológico único, con especies endémicas de flora y fauna que no existen en ningún otro lugar del planeta.
  • Su cultura creole-africana es una joya antropológica en riesgo crítico de desaparición.
  • Por su patrimonio cultural afro-lusófono único, hoy en riesgo crítico de desaparición.
  • Ha sufrido una devastación ambiental que exige restauración urgente, imposible sin apoyo internacional.
  • Porque su población no puede detener sola un proceso de destrucción impuesto desde el exterior.


Por qué Annobón debe ser reconocido como Patrimonio de la Humanidad

  • El pueblo annobonés ha sido históricamente silenciado, pero su derecho a la protección ambiental, sanitaria y cultural está reconocido por el derecho internacional.

Así como Santo Tomé y Príncipe recibieron apoyo internacional para restaurar sus bosques, gozan hoy de programas de conservación marina, restauración ecológica y protección patrimonial, Annobón merece los mismos mecanismos de apoyo, inversión y visibilidad global. Por ello, resulta urgente que la UNESCO y la comunidad internacional intervengan y reconozcan a Annobón como reserva natural protegida, al igual que los bosques de Santo Tomé y Príncipe.


Un llamamiento a la acción: No podemos sobrevivir en una roca sin vida.

Sin árboles no hay agua, sin agua no hay cultivo, y una isla sin alimentos está condenada al éxodo o a la muerte lenta. Annobón no necesita caridad, sino justicia histórica. 

Su inclusión como Patrimonio de la Humanidad no es un gesto simbólico: es la única vía para activar programas internacionales de restauración ecológica, protección cultural, recuperación sanitaria, educación ambiental, y el fin definitivo de su explotación como territorio desechable. Es un derecho de los pueblos a existir. 

Hoy la pregunta no es si Annobón puede sobrevivir sola. La verdadera pregunta es:

¿permitirá el mundo que desaparezca una de las últimas joyas ecológicas y culturales del Atlántico africano?


Annobón lucha por existir y los derechos humanos son para todos los seres humanos.










  • Quito, Ecuador
  • Pasaje N61A y Av. Francisco De la Torre
ETHNOS
#003

Con el apoyo de:
Organizaciones Mundo Afro-Uruguay


Consejo Editor: 
Romero Jorge Rodríguez
 María Alexandra Ocles P.
Zuleica Romay


Articulistas invitad@s: 

Samuel Alejandro Urbina Blanco, Ecuador
 Nel Pientel, Ecuador
Annabel Arroyo Rodríguez, Ecuador
Helary Estupiñan, Ecuador
Patricia Ballivian, Bolivia
Orlando Cartagena, Annobón